martes, 3 de septiembre de 2013


…La osadía la miró a los ojos
y tomando entre sus manos aquel rostro temeroso dijo:
–O vives con intensidad cada segundo de tu vida
desafiando la certeza de que morirás algún día...
o mueres cada día desperdiciando tu vida temiendo ese hecho inevitable...
decide... vive o muere pero no te quedes en medio estorbando el paso de un destino
que con o sin ti seguirá su camino...
Me he perdido. No logro salir de esta sensación de agotamiento que me embarga. No logro despejar la bruma que oprime mi corazón. Quizás es por eso que estoy en esta lancha, buscándome, intentando recordar quién era y para qué estoy aquí.
El sonido del motor me adormece, el agua turbia del río se mete en mi sangre y la furia comienza a recorrer mis venas, pero el miedo la contiene, como una represa que cruje bajo mi piel.
Me bajo del navío errante que me lleva a algún destino, dejo que la brisa acaricie mi cuerpo que se siente vacío y aletargado. Camino por el sendero húmedo rodeado de lirios, mientras su aroma me invade y me hechiza. Pero el temor sigue allí agazapado y mortal como una serpiente que no me deja en paz. Hace días que estoy así, sin poder dormir, sin poder comer, sin poder comprender que sucede a mi alrededor. Y ese murmullo persistente que ahoga un grito que no logro comprender.
Las lágrimas comienzan a brotar y me dejo llevar por la bruma del tiempo. Estoy cansada, muy cansada. Dejo que mi alma navegue azarosa por los confines de una eternidad que me es negada. La angustia oprime mi garganta y no me deja respirar, pero ya no lucho, está bien que suceda, está bien que me ahogue, porque soy vulnerable. Está bien que llore y me sienta sola. No hay error en ello… no. Eso descubro mientras mis pies desnudos tocan por fin el agua del arroyo que en este momento se encuentra como yo, turbio e inquieto… pero aun así en él me reflejo.
Levanto mis ojos al cielo, y la cortina de lágrimas difumina las frondosas arboledas y los rayos de un sol tímido y débil. Mi pecho comienza a ensancharse porque esas lágrimas que tanto he negado son parte de mí y ahora están derramándose y dejándome espacio para respirar. Sí… aún no me encuentro, no sé quién soy, a veces creo que una Diosa, mas hoy me siento una esclava. Quién soy me pregunto una y otra vez porque lo he olvidado, sumida en la marea eterna de rutinas y suaves murmullos que me llevan al letargo. Me veo a mí misma corriendo tras cosas que no deseo, comprando cosas que de nada me sirven, leyendo revistas de moda cuando en verdad amo los poemas. ¿Quién soy? ¿Cómo he llegado aquí?
–Respira… sólo… respira –dice una voz que reconozco como mía y aun así me resulta extraña.
Se acerca una tormenta y se que debería ponerme a resguardo. Pero hoy no deseo resguardarme, no deseo protegerme, no deseo esconderme, deseo morir porque si esto es vivir todo carece de sentido. ¿Quién soy? Se que nada tengo que perder y eso me enfurece… ¿Cómo he llegado hasta aquí?
Las gotas de lluvia comienzan a caer y no es alivio lo que siento si no furia, furia y deseo, pasión y descontrol. El agua me azota la cara y mis lágrimas se funden en ella. Me recuesto en la hierba mojada y extiendo los brazos mientras los relámpagos estallan en un cielo tan oscuro como mi alma. Una sensación de vértigo me invade de pronto, un deseo bestial y primitivo se sacude en mis entrañas. La vida comienza a fluir como un río de lava desbocado y me pongo de pie, con los brazos extendidos y el corazón latiendo furiosamente en mi pecho. La tormenta es cada vez más fuerte como el deseo descomunal que tengo de gritar y mientras un relámpago sacude las aguas del arroyo, mi garganta se desgarra en mil pedazos en un grito intenso y profundo.
Ponte de pie y camina.
Ponte de pie y lucha.
La voz se hace cada vez más fuerte, pero no soy yo, está dentro de mí, removiéndose en mis entrañas. No tienes nada que temer –susurra– lo peor que puede sucederte es que vivas. Lo peor es que te des cuenta de que estabas muerta y ya no quieras volver atrás. Reclama aquello que por derecho te pertenece, vida, deseo, pasión. Sueña y devórate la vida. La vida no admite permisos ni debilidades. Tómala por asalto y llévatela porque es tuya y fue creada para ti. ¿Es que no lo ves? Eres la matriz de la creación, de tu vientre nacen los sueños, de tu mirada se alimentan los héroes, reinos enteros han caído por ti y por ti miles de mundos han sido creados, de tu boca brotan los más bellos amaneceres y las más increíbles tormentas. Posee la vida, hazle el amor. ¡¡Despierta!! Vive, respira y expándete… Fuiste creada para ser Diosa no esclava, tú eres el río, eres la tierra y tu cuerpo se cubre de humedades por este deseo que te arrasa por dentro, déjalo salir…
Déjame vivir…
Ya no resisto, no quiero resistir. Ya no deseo dormir. Me revelo contra mí y a la vez me abrazo en un intento desesperado de sentir que esto es real. Las luces en el cielo iluminan mi cuerpo tembloroso. El temor se aleja, se difumina, con cada embate de los rayos que caen en el río. Siento la vida correr a través de mí y me abrazo aún más fuerte para no dejarla partir. Es una sensación dulce, violenta, salvaje, dentro de mí la hembra se abre camino y mi alma la desea… ¡Oh Dios, como la desea! …
Surge de la oscuridad de mi alma, brota desde la profundidad de mi sombra, emerge desde mi sangre pura, lujuriosa y sensual. Siento su poder apoderarse de mí y mi piel se eriza al sentir su cálido deseo cubriéndome. El temor se difumina, la presión cede, la voz se aplaca convirtiéndose en un murmullo cada vez más suave, diáfano como un rojo amanecer cubierto de rocío. El cielo se abre dejando que los rayos del sol bañen mi cuerpo desnudo, ella está aquí. Levanto mis ojos al cielo mientras una sonrisa dulce y perversa curva mis labios. Camino hacia la cabaña, me siento frente a la mesa, tomo un lápiz y un papel y comienzo a parir.
El arte es un dios lujurioso y despiadado. Mata a su amante, la preña y la vuelve a parir. Sólo así logra sobrevivir.


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