martes, 9 de febrero de 2016

¿Qué queremos?

Posted by Mercedes Mayol 11:31:00

Y la entropía subsiste a pesar de creer en un universo perfecto y alineado, en muchas ocasiones creo que la palabra exacta para describir el universo y su estado sería “alienado”, cuestión de puntos de vista y un cambio casi imperceptible en el orden de un par de míseras letras. Mientras escribo este libro, más allá de las experiencias que comparto, suceden cosas, una tras otra suceden, se suceden y me suceden por encima, por debajo, fuera y dentro de mi persona de 1.58 metros. Para los que nunca han intentado tomar una pluma, un teclado, o una tiza siquiera, quizás resulte incomprensible pensar que escribir, no es algo sencillo, requiere de cierta coherencia y estabilidad de la que Dios sabe los escritores, en su gran mayoría carecemos. Mantener el humor con un PH ácido constante no es cosa fácil, sobre todo en este viaje interminable que es la vida y el ir cual tren bala desesperado en la búsqueda de y hacia uno mismo. Tal vez no comprendí, al menos en un principio, que al compartir estas experiencias que plasmo con tanto frenesí, el efecto colateral de verse a uno mismo era algo inevitable y no siempre una experiencia religiosa ni agradable, sobre todo cuando te llevás por delante sin previo aviso y te ves así, en bolas frente al espejo y con todos los reflectores apuntando sin compasión a tu imperfecta humanidad. Aun así, es una experiencia enriquecedora para algo que habita dentro de una, una especie de mini mí malévolo que insiste por todos los medios en despertar a la inconsciente que la transporta que vengo siendo yo…o no (diría mi amiga Carola sólo para complicarme la existencia).
Volviendo al punto de ¿qué queremos de un hombre?, me voy dando cuenta que es una pregunta tan difícil de resolver como el enigma sagrado de ¿qué es lo que queremos las mujeres?.
Si vencimos a Freud, el padre de la psicología, el mismo “hombre” que confesó su frustración en este célebre fragmento que inunda las redes sociales:" La gran pregunta que nunca ha sido contestada y a la cual todavía no he podido responder, a pesar de mis treinta años de investigación del alma femenina, es: ¿qué quiere una mujer?"...¿Cómo podríamos contestar nosotras que queremos de un hombre?. Claro que Freud era hombre y no se encontraba en este cuerpo de 1.58 metros en el que habito, lo cual espero y me de alguna ventaja. Ser mujer y sobre todo en este siglo, es algo perturbador. Como les comentaba al principio, las reglas cambiaron. Luego de El segundo sexo de Simone, ya nada fue igual, todo se corrió de lugar, revoleamos los corpiños, dejamos las tetas al aire y la sumisión ya no forma parte de nuestra naturaleza, nos hemos convertido en mujeres fuertes, con derechos y obligaciones. Salimos a la vida y peleamos a la par del hombre e incluso algunas veces más porque la sociedad aún no se ajusta a estos cambios. Los sueldos siguen siendo menores para nosotras que para ellos en el mismo puesto y con las mismas capacidades, aún existen culturas y contraculturas en las cuales la mujer, aún en este siglo carece de todo derecho llegando incluso a temernos por el simple hecho de sentir más placer que los hombres y siendo así, pues a cortarles el clítoris a estas perras diabólicas se ha dicho…(Lo siento señores, Dios nos ha dado esta enorme ventaja y don que es el orgasmo múltiple y un aguante del que Uds. carecen, acostúmbrense). En esta sociedad en la que vivo, me encuentro ante un paradigma desfragmentado, en el cual el hombre no sabe qué hacer con mujeres como nosotras, y nosotras, dicho sea de paso no sabemos qué hacer con hombres descolocados y por momentos más sensibles que nosotras, perdidos, sin saber si ser padres, hijos u hombres simplemente con todo lo que ello implique…la palabra iguales es algo que les cuesta trabajo comprender y aceptar. Mientras mi hijo dice que no debería contar mis experiencias, ni que hago frente a un hombre que recién conozco para no asustarlo con mi mucosidad hiperquinética yo me pregunto ¿qué puedo compartir entonces en una cita?. ¿Se debe ocultar quien se es para que el otro no se sienta intimidado o quede expuesto ante su propia existencia donde 2+2 son 4 y no 5 como para nosotras? O como dice un antiguo amante partidario de la sumisión de la mujer coherente hasta la misma incoherencia ¿Quién te teme no te merece…?
En estos momentos, ya no tanto como al principio, están de moda Las 50 sombras de Grey. Mujeres de todo el mundo (Particularmente mujeres poderosas, empresarias y exitosas con gran poder adquisitivo) buscan espacios en donde puedan ser dominadas, sometidas, atadas y golpeadas (no muy fuerte y siempre por un exponente más parecido a un modelo Armani que a un albañil de la obra de construcción de enfrente morocho, bajito y con un sueldo mínimo que ya estaría preso de por vida y siendo la perra de turno del penal de Olmos si osara hacer algo así. Portación de cara y billetera que le dicen). Mujeres poderosas buscan los espacios, producto de este desajuste de roles, que se dedican a esto: Sadismo y masoquismo. La pregunta es ¿Por qué?. Personalmente no me atrae este tipo de actividades, pero hoy particularmente me encuentro ante la frustración de haber perdido en el camino ciertas cosas que sí me gustaban de los hombres (cosas que por otra parte no he tenido por mi condición de mujer fuerte). El que te atiendan, te sorprendan, te abran la puerta del auto, te regalen flores, bombones o diamantes o lo que sea que hicieran los hombres en algún momento de una vida que nunca viví más allá de las putas películas de Hollywood y Disney que nos cagaron la vida. Personalmente me paso la vida tomando decisiones desde que tengo uso de razón y de pronto cuando quiero relajarme un rato me encuentro frente a un otro (nótese que cambió incluso esto luego de El segundo sexo de Simone, lo Otro pasó a ser el hombre y ya no la mujer) que no es capaz ni de pedir el vino que tomaremos en la cena y aquí estamos otra vez remando, decidiendo, ocultando para no ahuyentar a un exponente masculino más neurótico y frágil que nosotras mismas.
Me pregunto hoy si lo que estoy buscando no es más que un exponente inexistente producto de una propaganda de Hollywood que desayuné, almorcé, merendé y cené durante toda mi existencia que algo verdadero y real.
Este ex amante coherente hasta la incoherencia tiene la teoría que la mujer se corrió de su lugar de sumisión y por eso está todo como está…y yo le contesto con toda la delicadeza digna de una princesa de Disney…que te den por el culo como dicen los españoles. Es verdad, nos hemos corrido de un lugar en el cual no deberíamos en primer lugar, haber estado nunca, un lugar que fue impuesto por políticas, religiones y hombres que necesitaban dominar el pueblo, un pueblo, cualquier pueblo, con el temor para sus propios intereses desde tiempos inmemoriales. Mientras seguimos pensando equivocadamente que la pobre de María Magdalena era la prostituta del nuevo testamento sin detenernos a corroborar siquiera y darnos cuenta que la prostituta, a la cual sea dicho de paso Jesús defendió con la frase lapidaria (literalmente) “quién esté libre de pecado que tire la primera piedra” o su equivalente de ¿Por qué no te mirás primero en el espejo antes de criticar pedazo de hipócrita?, y que la pobre prostituta que se ganaba el pan como podía y María Magdalena eran dos personas distintas, de hecho era una de las discípulas más cercanas y amadas por el nazareno, ¿cómo podemos pretender ajustarnos a los cambios e igualdades de este tiempo? Y esto sin contar lo del mote de Sexo débil…¿Enserio?...a ver si los hombres soportarían los meses infinitos de la menarca, los dolores de ovarios y sangrados mensuales, partos, depilaciones, amamantamiento, menopausia y demás dones que Dios nos ha dado junto a los orgasmos múltiples…
No somos débiles, fuimos y somos adaptables y poderosas, no sucumbimos ante una gripe llorando y agonizando ante el primer estornudo o línea de fiebre, salimos a trabajar, llevar a los chicos al colegio, hacer la comida con mocos, tos y fiebre incluidas, es más…creo que ante una guerra nuclear las únicas sobrevivientes seríamos las cucarachas y nosotras…las mujeres.
Me fui al carajo lo sé. Pero a la hora de preguntar que quiero y quién se corrió de lugar me pregunto si no le estoy errando, no sería mejor averiguar que quiero de mí y en qué lugar estoy como ser humano más allá del género? Porque lo único que busco es quizás alguien que quiera y esté dispuesto a compartir locuras sin perder la identidad en ello. ¿Un hombre?, si, me gustan, me encantan los hombres y por eso busco uno, pero da igual si te gustan los hombres, las mujeres, los muñecos inflables o los lobos o peluches, la cuestión es ¿que quiero para mí como ser humano y que me merezco como tal?, lo cual es algo que casi accidentalmente voy encontrando mientras escribo este libro que pretendo sea comercial y me de el dinero necesario para comprarme una casa y no tener que seguir pagando un alquiler porque decidí ser una mujer fuerte que se mantiene a si misma y no sacarle a mi ex hasta los calzones ni buscarme un chongo con plata para que me mantenga mientras me comporto como una Barbie dócil y descerebrada con estómago de titanio en un país en el cual tener un techo propio es algo prácticamente inalcanzable porque aún vivimos creyendo en estados paternalistas y populistas que lo único que hacen es llevarse hasta las baldosas para su propio terruño y el pueblo que se cague y encima le de las gracias, y dentro del pueblo estoy yo y otras cientos y miles de mujeres como yo que se rompen el lomo a diario laburando y se encuentran además solas por el simple hecho de ser mujeres fuertes. Me cago en Zeuta quien quiera que sea.
La realidad es que es en este tiempo es cierto, las mujeres no sabemos qué es lo que queremos, pero los hombres tampoco. Hemos conseguido la tan mentada igualdad…al menos en esto. Bienvenidos muchachos. Los remos a la izquierda, los salvavidas a la derecha y a nadar se ha dicho, y si no saben nadar, a patalear aunque más no sea estilo perrito porque ni bote tenemos en este líquido universo alienado.
©Mercedes Mayol
He dicho. (O vomitado que viene siendo lo mismo dado el caso).

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