lunes, 10 de septiembre de 2012


Llegué casi sobre la hora, corriendo como es mi costumbre pues la puntualidad no suele ser una de mis virtudes. Tampoco ayuda mucho esa costumbre de estarse  perdiendo en las calles de esta bendita Ciudad donde nací, solo por estar abstraída del mundo y sujeta a algún pensamiento o idea a la cual le tocó el turno ese día.
Subí las escaleras, con el bolso, el abrigo, el celular y todas las cosas típicas de una mujer que se precie de tal, apoyé mi anatomía sobre una de las elegantes sillas y el resto de los accesorios mujeriles en otra con el consabido roce ruidoso que suelen hacer las cosas cuando se está en un lugar que requiere silencio. A los pocos minutos se acercó el querido Roberto Alifano a saludarme y me presentó a Jesús David Curbelo, había escuchado varias cosas de sus dotes literarias, sobre todo su increíble habilidad narrativa. Saludé y el me recordó amablemente, obviando mi falta de memoria cual Dory la de Nemo, que en alguna ocasión ya habíamos hablado debido a ciertas cosas de la Feria del libro de La Habana, la cual dirige desde hace un tiempo. Ok, no había sido la mía la mejor de las presentaciones, pero hice acopio de valor y en honor a los muchos amigos que tenemos en común debido a mi relación casi providencial con la hermana Cuba, seguimos adelante. Llegó el momento esperado y mi curiosidad se acrecentó, pues tenía como dije, referencias de su narrativa pero no de su labor como poeta y el libro “Dialéctica del Silencio” era un libro de poemas. Los caballeros se acomodaron para la presentación, yo me cambié de lugar para estar estratégicamente lista para tomar alguna foto y el momento esperado, llegó. Hablaron todos según lo previsto, Roberto Alifano, Willson Neto, Alejandro Vaccaro, Eduardo Kovalivker y por último Jesús Curbelo, narrador, poeta, crítico y traductor literario, quien solo al hablar dejó claro que nada de lo que hace es improvisado, su dialéctica, la manera de expresarse se explayan y cautivan por el simple hecho del conocimiento que detenta en cada lugar que transita, con seriedad y profundidad relata su experiencia con respecto a este libro en particular, una compilación, una selección cuidadosa de poemas que fue escribiendo a lo largo de su vida motivado por esas sensaciones y vivencias que dejan huella en el alma.
Esa noche me llevé el libro, de excelente edición por cierto, me serví un café e instalada cómodamente en el sillón de mi hogar comencé la lectura. Despacio y saboreando cada verso, me sorprendió la madrugada de un amanecer frío, con la sensación de que aquellos poemas eran un viaje personal del poeta, desde esa juventud donde el destino se encuentra fuera y el ser se ve cautivo por el devenir de la vida, a un lugar, que con el paso de los años, convierte al objeto en sujeto y observador de su propia existencia.
Sus letras son profundas, no es lectura liviana, por el contrario impele a reflexionar sobre cada verso que inevitablemente refleja alguna faceta de la propia vida del lector. Dialéctica del silencio, sin duda alguna, formará parte de uno de esos tesoros que guardo celosamente en mi biblioteca personal.
Luego, fui a verlo a el Centro de la Cooperación donde se realizaba una mesa de lectura con varios escritores, Oliverio Coelho (Argentina), Jesús David Curbelo (Cuba), Liliana Heer (Argentina), Tununa Mercado (Argentina), Silvia Stornaiolo (Ecuador), Luisa Valenzuela (Argentina), Mario Goloboff (Argentina). 
Leyó un cuento y tal como dijo uno de los escritores de la mesa, fue un error dejarlo leer primero, por que en ese momento comprendimos todos, que la fama que lo precedía no era puro cuento.
Conocer a Curbelo ha sido para mi un enorme placer, no solo como artista sino como ser humano. Lamenté profundamente haberme enterado tan sobre la hora que estaba en Buenos Aires, pues nos hubiese gustado poder hacerle un reportaje con la Fundación Artesomos, que estoy segura no hubiese tenido desperdicio.

©Mercedes Mayol







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